An innocent man on Texas Death Row
ENTREVISTA CON ROB WILL
POR RAGINA JOHNSON
Traducción del artículo publicado en: Socialist Worker 25/06/08
Este sistema trabaja para ocultar las horrorosas condiciones que encaran los prisioneros en los corredores de la muerte; condiciones que únicamente funcionan para deshumanizar a los prisioneros, forzándolos a darse por vencidos y a aceptar la injusticia que se les impone. Rob Will, un hombre inocente en el corredor de la muerte de Texas, acusado de asesinar a un policía, ha inspirado a activistas alrededor del mundo por resistir al sistema y defenderse (Use of force videos link aquí). Junto con Kenneth Foster y Gabriel González, Robert fundó The Death Row Inner-communalist Vanguard Engagement movement (D.R.I.V.E. por sus siglas en inglés.) Los actos de resistencia no-violenta que llevaron a cabo los miembros de D.R.I.V.E. en el estómago de la bestia en colaboración con el movimiento contra la pena de muerte consiguieron una victoria sorprendente el pasado agosto cuando detuvieron la ejecución de Kenneth Foster. Aquí, Ragina Johnson miembro del Comité de Defensa de Robert Will entrevistó a Robert sobre su caso y la fundación de D.R.I.V.E.
¿Cuáles son los detalles de tu caso? ¿Sientes que son únicos?
En pocas palabras, el 4 de diciembre de 2000 en un área de la parte norte de Houston en Texas, nos encontrábamos varias personas en la cercanía de dos carros robados que estaban en proceso de ser desmantelados. La policía llegó y todos corrimos. Un ayudante de sheriff fue baleado y asesinado por otra persona. Yo fui el único que resultó aprehendido. Poco después, ese mismo día, me arrestaron en un pueblo a las afueras de Houston. A pesar de las técnicas severas de interrogación, me rehusé a colaborar con los detectives y nunca declaré o “soplé” sobre las otras personas que estaban conmigo. Después de un juicio terriblemente injusto, se me declaró culpable y se me sentenció a muerte a pesar de que la evidencia, presentada pobremente por mis abogados de oficio- probaba mi inocencia y que incluye:
-Las transcripciones de los registros de radio de la policía que confirman que me encontraba esposado cuando el tiroteo ocurrió.
-Las confesiones del verdadero asesino –quien es el hijo de un policía muy conocido y bien conectado- a por lo menos cinco personas distintas y por separado.
-Mis guantes, mis manos y mi ropa dieron resultados negativos en las pruebas de residuo de pólvora (GSR).
De alguna forma mi caso y mi juicio son únicos. Por ejemplo, el fiscal principal de distrito, Chuck Rosenthal, llevó el caso en mi contra personalmente y la sala de audiencias de la corte estaba llena de policías creando una atmosfera tan turbia que el juez tuvo que ordenar que se cerraran las puertas. Debería mencionar que recientemente Rosenthal fue obligado a renunciar por causa de un escándalo derivado de unos correos electrónicos racistas y sexistas, pornografía y evidencia de una campaña de actividad financiera ilegal que se encontraron en su computadora de trabajo.
Al mismo tiempo, mi caso y mi juicio son sintomáticos de problemas más amplios del sistema judicial, del complejo industrial carcelario y de la sociedad en su conjunto. Uno solo necesita echar un vistazo en las prisiones, en donde residen uno de cada nueve hombres negros, para darse cuenta que el racismo es una realidad. Este sistema es intrínsecamente racista y no trata amablemente a los blancos que no lo son.
Además, este sistema es, por supuesto, clasista. Mi caso destaca este hecho pero no es, de ninguna manera, una excepción de la forma en como el sistema judicial funciona cotidianamente. Desde el momento del arresto, durante el juicio y en el proceso de apelaciones, los pronósticos no son buenos para alguien que no tiene los millones de dólares para contratar a un equipo legal experimentado, o quizá ser lo suficientemente afortunado para conseguir un abogado desinteresado que se involucre en su caso sin cobrar honorarios.
Yo básicamente no tuve un proceso de apelación. Mi abogado de oficio no hizo nada más que llenar apelaciones lamentables. El abogado que llevó mi apelación estatal (Habeas Corpus) simplemente copió la apelación de Ángel Maturino “The Railroad Killer” Resendiz y la hizo pasar como mía. La apelación, como te puedes imaginar, fu rápidamente rechazada y no he podido encontrar ningún abogado que me quiera ayudar gratuitamente.
¿Por qué fundaron D.R.I.V.E?
Más que otra cosa, fue la opresión y la injusticia lo que fundó a DRIVE. Kenneth Foster, Gabriel González y yo, fuimos trasladados a la misma sección al mismo tiempo. Todos estábamos involucrados en varias formas de organización y de activismo antes pero cuando nos encontramos empezamos a discutir nuestras visiones individuales del mundo y encontramos que compartíamos un deseo latente y profundo de luchar por un mundo mejor.
Rápidamente pasamos de prender una chispa a crear una llama pequeña y justa de resistencia aquí en el corredor de la muerte de Texas. Las cosas se estaban poniendo peores y la opresión engendra resistencia. Estando encerrados en una pequeña celda veintidós de las veinticuatro horas del día y abandonándola sólo para ser metido en una jaula más grande para el “recreo”, el estar constantemente privado del sueño, el no ser capaz de tocar a otro ser humano, el ser alimentados con comida asquerosa y el tener que experimentar todos los recursos diseñados para quebrar el cuerpo y la mente humana, no es nada más que tortura y nosotros decidimos tomar una posición radical contra esa opresión.
Además, muchos de nuestros amigos, que sabíamos eran inocentes, habían recibido fechas de ejecución, el hostigamiento por parte de algunos guardias iba en aumento y parecía como si el movimiento civil contra la pena de muerte estuviera estancado.
Es importante recalcar que la formación de DRIVE no sucedió súbitamente; nosotros trabajamos mucho en su formación. Kenneth, Gabriel y yo nos dedicábamos entre diez y doce horas algunos días diseñando un plan estratégico mientras manteníamos el contacto con otros como Reginald Blanton (quien se encontraba en otra sección) y recibíamos sus aportaciones. Fue algo así como si estuviéramos asistiendo a una “Conferencia sobre la resistencia en el corredor de la muerte” por semanas enteras. Estábamos literalmente teniendo discusiones durante todo el día, adentrándonos en cuestiones de cómo podríamos aplicar las lecciones aprendidas de todo, desde el foquismo que nació de la revolución cubana hasta el movimiento satyagraha, pasando por cualquier otro movimiento justo o teoría que uno pueda imaginar.
Nos dimos cuenta que teníamos que ponernos en contacto con organizaciones que pelearan contra la pena de muerte en el exterior así como otros grupos políticos y trabajar de manera coordinada. A este sistema le gusta operar en la oscuridad así que también decidimos crear la página web de DRIVE para mostrar la realidad de la pena de muerte y de las condiciones aquí en el corredor de la muerte de Texas.
Sería contraproducente exponer nuestras tácticas y estrategias en un foro abierto que está sujeto a los ojos metiches de los guardias de esta prisión pero hemos sido muy eficaces mejorando las condiciones aquí y reforzando el movimiento abolicionista en su conjunto.
¿Qué significó la victoria de Kenneth Foster para ti y tus camaradas en el corredor de la muerte de Texas?
Sólo recuerdo haber llorado profundamente de felicidad dos veces en mi vida. La primera cuando nació mi hijo y lo vi respirar por primera vez y la segunda, cuando escuché que la sentencia de Kenneth había sido conmutada.
No estaba sobrecogido de un sentido profundo de inspiración, alivio y felicidad porque un amigo y compañero mío no iba a ser asesinado por el estado, pero también porque la conmutación de la pena de Kenneth probó que el activismo de base puede funcionar y de hecho funciona.
Yo estaba en contacto constante con los mayores organizadores de la Coalición para salvar a Kenneth Foster, recibiendo noticias o teniendo visitas con ellos cada semana. Yo vi lo que ellos hicieron y atestigüé directamente como construyeron una campaña de base sólida desde abajo hacia arriba que demostró que la comunidad organizada funciona aún en el ultra conservador estado de Texas.
El Estado no es omnipotente. Nosotros podemos ganar. La victoria de Kenneth no fue únicamente suya, nos pertenece a todos nosotros en el corredor de la muerte y a todos los que están involucrados con el movimiento abolicionista en la sociedad civil. La conmutación de la pena de Kenneth nos mostró a todos que si luchamos podemos ganar.
A menudo mencionas que las luchas están interconectadas. ¿Puedes explicar un poco más este punto?
Tenemos que mirar las intersecciones de la opresión no sólo desde una perspectiva estatal o nacional, sino internacional. Los paralelismos son interminables. El ejército, la industria petroquímica y el complejo industrial carcelario están íntimamente interrelacionados. Ellos constituyen la salud del Estado que, a través de políticas nacionales e internacionales, es responsable de los males sociales que está encarando a la clase trabajadora alrededor del mundo. Los fondos de la guerra están drenando a la comunidad de los impuestos que podrían ser usados para construir una red social sustentable y fuerte para prevenir las causas del crimen. Millones de dólares se mandan a Israel cada año para financiar el apartheid contra los palestinos. Los pobres en Iraq son los que más están sufriendo. Los pobres en Estados Unidos son los que están en las prisiones y en los corredores de la muerte. Los asuntos relacionados con la pena de muerte y con las cárceles son problemas que atañen a la clase trabajadora tanto como la guerra de Iraq y la lucha por la liberación de Palestina o los derechos laborales o de los inmigrantes. Es por eso que Eugene Debs dijo que mientras exista una clase más baja él permanecería en ella, mientras hubiera un elemento criminal, sería parte de él y mientras permaneciera un alma en la cárcel, nunca sería libre.
Además, a la derecha le gusta escupir su retórica sobre la supuesta “guerra cultural” en que nos encontramos y quizá nos encontremos de hecho en una guerra cultural. Pero nuestros enemigos, los enemigos de la clase trabajadora, no son los “fascistas islámicos,” “los que están empujando la agenda homosexual,” los “ilegales”, o cualquier otro enemigos ficticio de la derecha. Nuestros verdaderos enemigos son aquellos como el régimen de Bush o los partidarios del neoconservadurismo que parecen empeñados en hacer girones la constitución, atacando fervientemente las libertades civiles y los derechos humanos y destruyendo el sustento de todos los que no pertenecen a la clase dominante alrededor del mundo.
Estamos también luchando contra el próspero y siempre creciente enamoramiento de los Estados Unidos con la violencia. En pos de avanzar en el proceso de la cura de la humanidad, de las guerras genocidas y del apoyo de los Estados Unidos a los regímenes opresivos, la pena de muerte y cualquier otra forma de violencia patrocinada por el Estado, éstas deben ser vistas como moralmente inaceptables por las masas, quienes tienen el poder de cambiar las políticas domésticas e internacionales.
¿En qué fase se encuentra tu caso y qué puede hacer la gente para apoyar tu lucha?
Me encuentro en la última etapa del proceso de apelaciones: el nivel federal. Mi habeas de descargo federal ya ha sido llenada.
Por años dejé de concentrarme en mi caso y me enfoqué en la lucha contra la pena de muerte, por los derechos de los prisioneros y otros tipos de activismo en general. En este momento, realmente necesito dar a conocer mi caso así como el trabajo que estamos haciendo aquí en el corredor de la muerte. Necesito toda la solidaridad posible. Una manera fácil en que la gente puede ayudarme en mi campaña es visitando mi página web www.freerobwill.org, bajar mi panfleto y distribuirlo.
Necesito vivir para continuar con la lucha. Mi comité de defensa se formó hace apenas un año y está constituido por pocas personas. Ellos están sobrecargados de trabajo y se les podría echar una mano. Además mantienen el sitio de DRIVE y necesitan ayuda con eso también.
Como hemos visto, el Estado no ha perdido tiempo en asignar fechas de ejecución a diestra y siniestra desde que la Corte Suprema legisló sobre la inyección letal. Ahora es el momento de incrementar la acción. Todo aquél que esté interesado puede escribirme una carta o un email y podemos lograr el cambio, no sólo para mí sino por toda la lucha en la que nosotros estamos comprometidos.
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